Por Luciano Alves, CEO de Zabbix LATAM
¿Alguien usó WhatsApp hoy? ¿Vio Netflix anoche? ¿Pidió un Uber para llegar a su oficina o usó ChatGPT para resolver un pendiente antes de la primera junta del día? Con toda seguridad, la respuesta es sí a varias de estas preguntas. Y detrás de cada una de ellas hay algo que pocos directivos se detienen a considerar: una enorme dependencia del software de código abierto.
WhatsApp fue construido íntegramente en Erlang, un lenguaje de código abierto. Netflix opera con más de 200 repositorios abiertos que la propia compañía desarrolló sobre plataformas distribuidas que hoy usa toda la industria. Todo el stack de Amazon Web Services corre sobre proyectos open source. Microsoft es uno de los principales contribuidores del kernel de Linux. Uber y Spotify —esta última con su portal para desarrolladores Backstage— también construyeron piezas centrales de su negocio sobre código abierto.
Estas siete empresas suman, en conjunto, un valor de mercado cercano a los 9 billones de dólares: más que el PIB de toda América Latina, que ronda los 6 billones. Sus ingresos anuales equivalen al PIB de México, o al doble del PIB de Brasil. Spotify por sí solo tiene 700 millones de usuarios, cuando toda América Latina reúne 660 millones de habitantes. WhatsApp supera los 3,000 millones de usuarios en el mundo.
La conclusión es incómoda para quien todavía ve el open source como una alternativa marginal o “poco confiable”: es, en realidad, la base sobre la que se sostiene el mundo digital que usamos todos los días. Si un director de tecnología en su empresa dice que “no confía” en el open source, vale la pena pedirle que apague todo lo que depende de él y observe qué queda en pie. Ya no es un debate de los años noventa; es la infraestructura invisible de la economía digital actual.
Zabbix, 25 años construyendo bajo esa lógica
Zabbix forma parte de este universo desde hace 25 años, con 20 años como empresa que respalda y desarrolla el software de forma activa y sostenida. Y aquí conviene desmontar un mito: Zabbix no es un proyecto que sobrevive de donaciones o buena voluntad. Es una multinacional de software con sede en Letonia, presencia comercial en Japón desde 2012, en Estados Unidos desde 2015, en Brasil desde 2020 y en México desde 2023, con un portafolio de 15 productos y servicios, y con una adquisición corporativa reciente —la que dio origen a Zabbix France— que confirma una estrategia de expansión deliberada.
En América Latina, esa estrategia ya tiene números que hablan por sí solos. Operamos con cerca de 50 socios distribuidos en 10 países y atendemos clientes en casi 20 naciones de la región. Hemos reunido a 10,000 participantes presenciales en nuestros eventos, laboratorios y foros regionales.
Pero el dato que más me llama la atención —y que como CEO regional me parece el termómetro más honesto del mercado— es el de las licitaciones públicas del gobierno federal brasileño. Pasamos de aproximadamente 20 licitaciones que incluían a Zabbix como requisito en 2023, a cerca de 200 en 2026. Esto no ocurrió por una campaña de marketing agresiva ni por presupuesto publicitario: es crecimiento orgánico, impulsado porque las instituciones de gobierno empiezan a exigir explícitamente esta plataforma en sus proyectos de infraestructura tecnológica. Zabbix busca este tipo de crecimiento en el resto de América Latina, incluyendo a México.
Un ecosistema pensado para acompañar, no solo para vender licencia
Zabbix ha construido en los últimos años un portafolio de servicios que busca resolver un problema silencioso: muchas empresas usan menos del 20% de las capacidades reales de la plataforma. Lo hemos confirmado con nuestra propia Matriz de Madurez de Adopción, aplicada con clientes en toda la región. La consecuencia práctica es que herramientas robustas terminan reducidas a tareas básicas, como hacer ping a un puñado de dispositivos, cuando podrían sostener una operación mucho más sofisticada.
Para cerrar esa brecha existen servicios profesionales de migración y adopción, suscripciones de soporte directo del fabricante —particularmente relevantes para los MSP, que representaron 57 de las 170 empresas participantes en nuestra última conferencia regional—, y Zabbix Cloud como alternativa SaaS para quienes no pueden o no desean administrar infraestructura propia.
A esto se suma Zabbix Academy, con cursos disponibles en español y portugués, y las certificaciones profesionales, cada vez más solicitadas como requisito explícito en licitaciones de gobierno y en grandes empresas privadas. También viene en camino la aplicación móvil oficial de Zabbix, personalizable bajo esquema white-label, y el Zabbix Marketplace, un espacio curado por el fabricante donde desarrolladores y socios ofrecen extensiones validadas, a diferencia de lo que ocurre en repositorios abiertos sin control de calidad.
El salto que representa Zabbix 8.0
Con ese contexto de trayectoria y madurez empresarial, llegamos al punto central: Zabbix 8.0 LTS, versión que llega en este Q4/26, no es una simple actualización de versión. Además de marcar la entrada oficial de Zabbix en el escenario de la observabilidad, representa un producto completamente nuevo. Y para entender por qué, hay que partir de un problema que viven la mayoría de las empresas medianas y grandes en la región.
En nuestra experiencia con clientes, es común encontrar organizaciones que operan con tres, cinco, nueve o incluso catorce plataformas distintas de monitoreo simultáneamente: una para infraestructura, otra para el rendimiento de aplicaciones (APM), otra para logs, otra para tráfico de red. El resultado es previsible: licencias duplicadas, equipos de trabajo fragmentados, complejidad operativa triplicada y, paradójicamente, visibilidad parcial, porque cada plataforma guarda su propia “verdad” en su base de datos.
Zabbix 8.0 ataca ese problema de frente. Al posicionarse como una herramienta universal, permite concentrar en un solo entorno buena parte de las necesidades de monitoreo que hoy están dispersas en múltiples soluciones, con el respaldo de un modelo open source que reduce de forma sustancial el costo total de propiedad.
Zabbix deja de ser una herramienta de monitoreo para convertirse en una plataforma universal de recopilación, monitoreo y análisis de datos, capaz de cubrir tanto entornos de tecnologías de la información como de tecnología operacional, desde el centro de datos hasta el piso de fábrica, desde la nube hasta las APIs.
Un modelo que no cobra por licencia
Queda una pregunta que muchos directivos se hacen, con razón: si el software es abierto y gratuito, ¿cómo se sostiene una empresa con 25 años de trayectoria y presencia en varios continentes? La respuesta explica buena parte de nuestra propuesta de valor.
Zabbix no vende licencias. La plataforma completa está disponible sin costo, sin ediciones “premium” que bloqueen funcionalidades críticas detrás de un pago. Nuestros ingresos provienen de lo que se construye alrededor del software: suscripciones de soporte directo del fabricante, servicios profesionales de implementación y migración, formación y certificación a través de Zabbix Academy, y Zabbix Cloud para quienes prefieren no administrar infraestructura propia.
Este modelo alinea nuestros incentivos con los del cliente. No ganamos cuando una empresa queda atrapada en un contrato de licencias, sino cuando efectivamente aprovecha la plataforma. Por eso nos preocupa tanto ese 80% de capacidades que hoy queda sin usar: en nuestro caso, la adopción no es un indicador secundario, es el centro del negocio.
En el caso de Zabbix, esa lógica gana una dimensión aún más relevante. Consolidar en una sola plataforma lo que hoy está repartido en varias herramientas licenciadas significa, en la práctica, dejar de pagar por el derecho de uso y pasar a invertir en lo que genera resultados: conocimiento, soporte especializado, proyectos involucrados en observabilidad y equipos mejor preparados.
Para el ecosistema empresarial latinoamericano, donde el control de costos, la soberanía tecnológica y la capacidad de escalar sin fricciones son prioridades cada vez más estratégicas, esa combinación de madurez de producto, respaldo corporativo real y un modelo de negocio transparente no es un detalle menor. Es una ventaja competitiva que las organizaciones de la región no pueden permitirse ignorar.