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Clara Brugada y su relación con los medios

La llegada de Clara Brugada a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México no solo representó la consolidación de un estilo de gobernanza popular, sino también el inicio de un capítulo fascinante, desde un punto de vista social, y a ratos tenso, en su relación con el ecosistema mediático.

Históricamente, Brugada ha sido una figura forjada en la “periferia”, tanto geográfica como narrativa. Mientras que otros políticos construyen su imagen en sets de televisión o mediante columnas de opinión en diarios de circulación nacional, Clara cimentó su capital político en el polvo de Iztapalapa.

Esta naturaleza de “líder de tierra” ha condicionado una relación con los medios que oscila entre la subestimación externa y una comunicación institucional muy controlada.

Durante años, la cobertura mediática hacia Brugada estuvo teñida de un sutil, y a veces obvio, clasismo. Se le encasilló como una líder clientelar, ignorando a menudo la sofisticación detrás de proyectos como las Utopías, estos espacios de integración social, que terminaron siendo premiados internacionalmente.

Para los medios tradicionales, Brugada fue durante mucho tiempo un “fenómeno local”. Ahora, al mando de la capital, esa relación ha tenido que profesionalizarse a marchas forzadas, pasando del la movilización a la conferencia, filtrando información a los medios a favor de la 4T y a respetar la máxima enseñanza del lopezobradorismo, mentir hasta que se vuelva verdad.

El mayor desafío para la Jefa de Gobierno es romper el cerco de cristal. Mientras sus seguidores ven en ella a una gestora eficaz y humana, una parte del círculo mediático la observa bajo una lupa de sospecha constante, cuestionando si su modelo de “bienestar desde abajo” es escalable a una metrópoli global. Lo cual parece más utópico que sus propios proyectos culturales.

La estrategia de Brugada parece ser la evidencia por encima de la elocuencia. No busca necesariamente el aplauso del articulista de moda; busca que la imagen de una alberca olímpica en un barrio antes olvidado hable por ella.

Es una comunicación de resultados que intenta puentear la intermediación de los medios convencionales y justamente por eso no necesita siquiera insinuar que hace falta revisar la relación con los medios, en un amago que suena muy anacrónico y fuera de lugar. Cada quien hará el trabajo que tenga que hacer.

Minerales críticos: México y el secreto de los metales

El acuerdo firmado entre Estados Unidos y México para coordinar políticas sobre litio y otros minerales críticos ha sido presentado como un ejercicio técnico de cooperación al tiempo que una oportunidad para insertarse en las nuevas cadenas de suministro en la inminente transición energética, aunque con más interrogantes que certezas de parte de nuestro país.

Formalmente, el acuerdo no implica la venta de litio ni cesión de soberanía. Es una hoja de ruta para armonizar políticas comerciales sobre minerales estratégicos –litio, cobre, grafito, tierras raras– con el objeto específico de reducir la dependencia de China en los que hoy domina.

En términos legales, México conserva la propiedad de sus recursos y mantiene vigente la definición del litio como mineral estratégico del Estado, unos recursos que ciertamente no están cuantificados. El gobierno federal casi nunca habla de sus reservas, no publica cifras claras, no actualiza inventarios detallados y evita pronunciamientos sobre la magnitud real de su subsuelo.

Parte de esta cautela tiene una justificación técnica: en muchos casos no existen depósitos certificados bajo estándares internacionales, sino indicios geológicos y proyectos exploratorios incompletos.

Bajo ese vacío discursivo irrumpe el interés de Estados Unidos. Y aquí conviene desmontar un mito: Washington no se acerca a México porque haya confirmado la existencia de reservas colosales. No se trata de una auditoría geológica, sino de una jugada estratégica.

En un mundo en donde China controla buena parte del procesamiento global de minerales críticos, la Casa Blanca busca aliados cercanos, confiables y políticamente alineables.

México es atractivo no solo por lo que guarda bajo tierra, sino por donde está parado:
geografía, T-MEC, integración industrial y cercanía logística.

Estas circunstancias no reducen el riesgo, por el contrario, lo amplifican. Cuando un país no define con claridad el futuro de sus recursos, otros lo hacen por él. El interés estadounidense no confirma la magnitud exacta de las reservas mexicanas, pero sí eleva su valor geopolítico. Y negociar desde el silencio implica hacerlo desde una posición reactiva, donde el socio con mayor poder económico y político fija el ritmo y los términos.

Las oportunidades son reales. El acuerdo puede traer inversión, impulsar infraestructura, desarrollar capacidades industriales y, en el mejor escenario, permitir que México capture valor más allá de la simple extracción y deje de ser un exportador de materias primas para vender productos con valor agregado.

El impacto sobre las inversiones de Pekín añade otra capa de complejidad. Aunque el acuerdo no lo prohíbe, el mensaje es nítido. México se acerca a la estrategia estadounidense de contención, lo que puede mandar a la congeladora proyectos chinos presentes y futuros. Esto necesariamente significa tomar partido en momentos en que nuestro país requiere mayor diversificación.

El litio y los minerales críticos colocan a México ante una oportunidad histórica. Aquí la pregunta no es si México tiene grandes reservas, sino si está dispuesto a construir una visión que permita decidir, negociar y desarrollar desde el interés propio. En esta línea delgada entre cooperación y dependencia se juega algo más que un metal: se define el rumbo económico y político de un país en donde el silencio también se negocia.

Caída de manufactura en EEUU

La promesa de hacer de nuevo a Estados Unidos un país manufacturero es parte fundamental de la visión detrás del “Make America great again” de Trump. A punta de aranceles el presidente estadounidense ha presionado a las industrias para que abran o reabran sus plantas en la Unión Americana a costa de cerrar las instalaciones que tengan en el extranjero.

Sin embargo, por lo menos en el corto plazo, no ha sido así. De acuerdo al Wall Street Journal, en los ocho meses posteriores a la presentación de los aranceles en el llamado “Día de la Liberación” el 2 de abril de 2025, el sector manufacturero estadounidense perdió más de 200 mil empleos, y el gasto en el mismo ha ido disminuyendo en cada uno de los primeros nueve meses de la administración Trump.

Cabe señalar que el gasto en el sector manufacturero tuvo un alza con el gobierno de Joe Biden, con la financiación para chips y energías renovables.

En descargo de Trump, el reportaje señala que la desaceleración es una continuación de una tendencia que lleva décadas, las estimaciones de producción industrial de la Fed se han recortado desde la pandemia y, aunque ha habido una recuperación de los empleos post-covid, también ha habido mejoras en la eficiencia, lo cual limita la generación de puestos de trabajo.

En el corto plazo, los aranceles han incrementado los costos de muchos insumos importados, a lo que se suma la incertidumbre por la irregularidad de los aranceles -se anuncian, se quitan, no llegan a aplicarse, se reducen, se anuncian nuevos-, y la posibilidad de que sean anulados por la Suprema Corte. Por su parte, China y otros países no han dejado de exportar a otros mercados, incluida la Unión Americana, y dejan en desventaja a sus similares estadounidenses.

No por nada, México tiene récord de exportaciones a Estados Unidos y se mantiene como principal socio comercial. Todo ello en menos de un año, más lo que se espera en éste, de revisión de T-MEC.

La falta de certidumbre en nada ayuda a industrias en las cuales los planes de capital y plazos de construcción toman años, donde una recuperación no se da en unos meses y, menos, tomando decisiones con el factor de impredecibilidad Trump, ante el cual, lo más prudente tal vez sea esperar ver cómo se acomodan las cartas en la segunda mitad de la administración del republicano y adaptarse a lo que venga.

El mercado de renta se digitaliza al integrar información crediticia

De acuerdo con la AMPI (Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios), en 2024 se registraron más de 3,800 intentos de fraude, de los cuales cerca del 70% estuvieron relacionados con operaciones de arrendamiento de vivienda. Esta cifra evidencia uno de los principales retos que enfrenta el sector inmobiliario de renta. Mientras los procesos de arrendamiento sigan basándose en referencias personales, depósitos elevados y comprobantes poco confiables, la brecha estructural y los riesgos para propietarios e intermediarios continuarán.

Ante este escenario, el sector de renta requiere integrar información crediticia en sus procesos para validar la identidad del arrendatario, evaluar su capacidad de pago y reducir los riesgos derivados de la falta de datos verificados y de respuestas ágiles.

En este contexto, Círculo de Crédito, la Sociedad de Información Crediticia liderada por Juan Manuel Ruiz, desarrolló una solución que automatiza la gestión de rentas y permite realizar operaciones más seguras, al integrar la consulta del historial crediticio, el análisis de listas restrictivas y la gestión contractual en un solo flujo digital.

Esta evolución abre una oportunidad para que los participantes del mercado de arrendamiento operen con información confiable, promuevan pagos oportunos y adopten una gestión más clara y eficiente. Con ello, se establece un nuevo estándar de transparencia, trazabilidad y certeza, respaldado por la información que Círculo de Crédito ha compilado a lo largo de sus 20 años de operación.

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