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Canadá: el ensayo general para México

por El Consejero
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Canadá: el ensayo general para México

Malas noticias para la región. La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá dejó de ser una amenaza para convertirse en una oscura realidad. Las diferencias políticas entre Washington y Ottawa terminaron por trasladarse al terreno económico, poniendo en riesgo una relación comercial que parecía difícil de quebrar, justo cuando América del Norte debería estar concentrada en fortalecer sus cadenas de suministro.

Canadá es el que tiene más que perder. Estados Unidos es el principal destino de sus exportaciones y miles de empresas dependen de cadenas de producción que no terminan en la frontera. Automóviles, madera, acero, energía y alimentos cruzan diariamente de un país a otro.

Pero Washington también va a pagar las consecuencias. Un arancel puede proteger a un productor estadounidense en lo inmediato, pero también encarece los insumos de otras empresas que dependen de ellos. La integración hace que el golpe termine recorriendo la misma cadena que se pretende salvaguardar.

El problema es que una guerra comercial rara vez se queda en el primer arancel. Washington impone una tarifa, Ottawa responde, Estados Unidos amplía las medidas y Canadá busca nuevos sectores donde ejercer presión.

Es una dinámica que más temprano que tarde terminan pagando los consumidores y empresas de ambos lados, además de frenar decisiones de inversión que requieren certidumbre y reglas relativamente estables. La represalia puede ser políticamente atractiva, pero económicamente tiene el riesgo de convertirse en una carrera en la que todos terminan perdiendo.

Para México hay una lectura delicada. La disputa ocurre mientras se revisa el T-MEC y puede convertirse en un ensayo de lo que vendría para nuestro país. Si Estados Unidos logra consolidar los aranceles como mecanismo de presión para obtener concesiones de Canadá, sería ingenuo pensar que renunciará a esa herramienta cuando llegue el momento de negociar con nuestro país. Lo que hoy se discute en Ottawa puede terminar siendo un precedente para la negociación de nuestro propio futuro comercial.

Paradójicamente, México podría beneficiarse del enfrentamiento si las empresas buscan reducir su exposición a Canadá y reubicar dentro de Norteamérica sus cadenas de producción. Pero esa oportunidad desaparecería si Washington termina convirtiendo la política arancelaria en la nueva regla de la relación comercial regional.

En ese escenario México no recibiría nuevas inversiones por sustitución, sino que enfrentaría también la incertidumbre que hoy golpea a Canadá. El nearshoring necesita mucho más que proximidad: para mantenerse vivo requiere reglas claras que le permitan planear.

Como le gusta hacer, Donald Trump juega con lumbre. El verdadero peligro de una guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá no está solamente en cuánto caerán las exportaciones o cuánto subirán los precios.

Está en lo que hasta el momento nadie ha querido nombrar: que América del Norte deje de funcionar como una región económicamente integrada y empiece a comportarse como tres mercados que negocian permanentemente bajo amenaza.

Para México, más que observar quién gana la pelea entre Trump y Carney, conviene empezar a prepararse para la próxima batalla.

Pacto gasolinero por el resto del sexenio

El jueves de la semana pasada pasó inadvertido el anuncio de Pemex repectos a que el gobierno y los empresarios gasolineros continuarán con el acuerdo de la Estrategia Nacional para Estabilizar el Precio de la Gasolina Regular y el Diesel, lo cual se traduce en que se mantiene por seis meses el precio de la gasolina en menos de 24 pesos el litro y en menos de 27 pesos el litro de diesel.

Queda pendiente la renovación formal por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum del pacto gasolinero iniciado en febrero de 2025 y que con esta llega a su tercera ratificación, manteniéndose la mayoría de las gasolinerías con un precio tope de la gasolina tipo magna -entre el 14 y 16% no participan del acuerdo-, y que en mayo pasado se sumó al diesel.

Este último acuerdo se da en un periodo complicado a nivel mundial, con los altos precios del petróleo debidos a la incertidumbre por el conflicto en Medio Oriente desde fines de febrero -justo unos días después de la segunda renovación del pacto de los 24 pesos-, lo que hace unos meses habría expectativas respecto a si sería viable mantener el precio límite, al tiempo que había presiones de las aeolíneas para aplicar una medida similar al precio de la turbosina.

Es claro que el pacto gasolinero llegó para quedarse en este sexenio, la pregunta es, ¿cuánto más podrán mantenerse estos precios tope a la gasolina y el diesel? Es decir, no que desaparezca el virtual control de precios, pero la simple posibilidad de subir un peso el límite se presta para que la oposición acuse “gasolinazo” y se use como ataque electoral.

Es por lo anterior que se podría dar por seguro que el gobierno buscará ratificar el acuerdo en sus mismos términos de precios en febrero del próximo año, de cara a las elecciones de medio término, puesto que para el plazo de agosto ya habrán pasado los comicios y, dependiendo del escenario postelectoral, veremos si hay margen para llegar al 2030 con gasolina y diesel con máximos de 24 y 27 pesos el litro respectivamente, que ha de ser algo deseable para Sheinbaum y Morena, y dejar la estafeta de un ajuste a la siguiente administración, o las circunistancias obligan a elevar el tope.

Generación Z y el reto de construir un buen historial

La Generación Z es un actor más visible en el sistema financiero mexicano. Así se muestra en los créditos activos registrados por Círculo de Crédito, especialista en análisis de información crediticia de personas y empresas, en junio de 2026, donde concentró el 18.92%, una participación que revela que los jóvenes están entrando al mercado crediticio antes de lo que podría suponerse.

Aunque sus saldos y montos promedio son los más bajos entre las generaciones analizadas —con saldos de alrededor de 5,925 pesos para mujeres y 5,531 para hombres, y montos promedio de 9,429 y 8,627, respectivamente—, el verdadero dato no está en el tamaño del crédito, sino en la huella financiera que comienza a construirse. Para Círculo de Crédito cada obligación, por pequeña que sea, genera información que puede influir en futuras decisiones de financiamiento.

El fenómeno obliga a cambiar la conversación sobre los jóvenes y el crédito. El primer financiamiento no necesariamente llega en forma de un gran préstamo, este puede llegar en una tarjeta, una compra a plazos o cualquier otra obligación que, bien administrada, contribuya a construir una trayectoria financiera. El punto crucial está cuando se confunde acceso con capacidad de pago.

Que una institución autorice determinado monto no significa que ese sea el nivel que una persona pueda asumir cómodamente. Para una generación que comienza su vida financiera mientras enfrenta renta, transporte, educación y otros gastos, una mensualidad aparentemente pequeña puede adquirir un peso considerable cuando se suma al resto de sus compromisos.

La Generación Z está construyendo su relación con el crédito al mismo tiempo que define sus hábitos financieros, y ahí existe una oportunidad para fortalecer la educación financiera desde el primer compromiso. Revisar el costo total, plazo y mensualidad antes de contratar, comparar la obligación con los ingresos disponibles y consultar periódicamente el historial crediticio deberían convertirse en prácticas habituales.

El crédito pequeño de hoy puede ser la puerta al financiamiento del mañana, pero también puede convertirse en una carga si se utiliza sin medir sus consecuencias. La cifra de 18.92% deja claro que la Generación Z ya está dentro del sistema; el siguiente reto será que su incorporación ocurra con información, responsabilidad y una visión de largo plazo.

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