En los próximos días iniciará la cuarta ronda de conversaciones entre México y Estados Unidos sobre la revisión del T-MEC, aunque todavía no tiene fecha definida. La reunión estaba prevista para septiembre, pero fue pospuesta en medio de la agenda de Washington con China y la reunión del G20. El trabajo técnico, sin embargo, continúa. Y en la negociación, el lugar de China en las cadenas productivas ocupa cada vez más espacio.
En la tercera ronda, México y Estados Unidos hablaron de fortalecer la manufactura regional, las cadenas de suministro y reducir el llamado free-riding de países que no forman parte del tratado. Las reglas de origen, el acero, el aluminio, los automóviles y la seguridad económica se encuentran sobre la mesa. México también ha planteado la sustitución de importaciones provenientes de Asia como parte de su estrategia para fortalecer la producción nacional.
La dimensión del reto se entiende por la relación comercial con China; más de 79 mil 600 millones de dólares de importaciones frente a poco más de 8 mil 600 millones de exportaciones en los primeros siete meses del año. Entre las importaciones hay maquinaria, componentes y equipos electrónicos que forman parte de las cadenas de producción mexicanas.
México no solo compra a China productos terminados; también adquiere insumos que necesita para fabricar lo que después exporta, principalmente a Estados Unidos. Sustituir esos proveedores puede aumentar el contenido regional del T-MEC, pero también requiere nuevas inversiones, otros proveedores y tiempo. Para algunas empresas será cambiar el origen de una parte de sus compras; para otras, rediseñar cadenas completas de suministro.
El reacomodo también puede convertirse en una oportunidad de inversión. Si las empresas estadounidenses y asiáticas que producen para el mercado de Estados Unidos necesitan reducir su exposición a proveedores chinos, México tiene una ventaja que pocos países pueden ofrecer: acceso preferencial al mercado estadounidense, cercanía geográfica y una industria manufacturera ya integrada con Estados Unidos.
La posición de Washington apunta a que la ventaja de México dentro del T-MEC dependa cada vez más de lo que se produzca en América del Norte y menos de insumos provenientes de terceros países. La seguridad económica se ha incorporado de manera explícita a las conversaciones. Para México, el desafío será aprovechar la integración con Estados Unidos sin romper de golpe con proveedores asiáticos de los que depende buena parte de su industria.
La negociación del T-MEC, entonces, no solo está definiendo aranceles y reglas de origen. También puede terminar definiendo algo más concreto para las empresas mexicanas: de quién comprarán los insumos que necesitan para venderle a Estados Unidos.
La crisis de Tulum
A partir de este mes, Aeroméxico de realizar hacia y desde Tulum, mientras que Volaris anunció que suspenderá sus vuelos a ese destino a partir del 7 de enero. Tulum atraviesa actualmente una de las caídas más graves en la historia de su industria turística: el volumen de pasajeros en el Aeropuerto Internacional Felipe Carrillo Puerto se desplomó un 33.2 % interanual durante el primer semestre de 2026, registrándose una caída del 44.8 % tan solo en junio; los hoteles frente a la playa que no operan bajo el sistema “todo incluido” registraron una ocupación de apenas entre el 15 % y el 20 % en junio, mientras que los complejos turísticos “todo incluido” rondaron el 40 %.
La crisis de Tulum se debe a varios factores. Primero y en lo inmediato, la llegada inusual de sargazo a Quintana Roo, con niveles que este año alcanzaron 27 veces el promedio histórico, siendo Tulum una de las zonas más afectadas; incosteable su retiro para los hoteles debido a las bajas tasas de ocupación.
En segundo lugar, la conectividad aérea se redujo este año con la salida de la aerolínea estadounidense JetBlue, debido a su proceso de reestructuración para evitar la quiebra, lo que disminuyó la capacidad de asientos hacia Quintana Roo en casi un 9 % justo para la temporada de verano, además de las salidas previas de Copa, Avianca y Volaris Costa Rica, a la que ahora se suman Aeroméxico y Volaris, cortando aún más el flujo de visitantes.
Un tercer factor ya venía de años atrás: la explosión inmobiliaria llevó a una sobreoferta de renta vacacional, pues en Tulum existen más de 4,500 registros de alquiler vacacional -Cancún tiene 6 mil-, donde la tarifa media por noche en un Airbnb en Tulum es de 185 dólares -un 27 % más alta que en Playa del Carmen-, un sobreprecio cada vez más insostenible ante la gran cantidad de alternativas disponibles para los viajeros; además de que estas plataformas no contribuyen al pago del Derecho de Saneamiento Ambiental ni a las acciones contra el sargazo. Ligado a lo anterior están los precios inflados y tarifas excesivas en todo tipo de servicios -alimentos, bebidas, taxis-, lo cual alejó al turismo nacional.
Ante el escenario, varios hoteles han optado por cerrar temporalmente y/o solo operar durante las temporadas altas para evitar los elevados costos asociados a la temporada baja. En contraste, los clubes vacacionales han mostrado resiliencia; hoteles boutique mantuvieron ocupaciones elevadas aunque, por sus características, reducidas; y el turismo de conferencias registró un aumento interanual del 23 %, todo lo cual amortigua en algo la crisis.
La intervención gubernamental se ha centrado en el sargazo, con una estrategia integral de gestión valorada en 2 mil millones de pesos para recolectarlo y procesarlo. Sin embargo, la limpieza del alga por sí sola es insuficiente para revertir la situación. La recuperación de Tulum requiere restablecer la conectividad aérea para incrementar la capacidad de asientos de cara a la temporada de invierno; recuperar la competitividad de precios para ofrecer alternativas accesibles para los viajeros y, lo más difícil, regular el mercado de alquileres, lo cual agrava la competencia para el sector hotelero y poco contribuye al beneficio común.
El salario que no aparece también comunica
Una vacante puede describir con detalle las responsabilidades, el perfil ideal y hasta la cultura de la empresa, pero omitir el dato que permite a una persona decidir si le conviene iniciar la conversación: cuánto le van a pagar.
El Termómetro Laboral de OCC, la bolsa de trabajo en línea líder en México, muestra el costo de esa omisión: 44% de los consultados no se postula si desconoce el salario y otro 35% prefiere no arriesgarse. Además, 56% desconfía de una oferta que no lo publica. Los candidatos están diciendo algo: su tiempo también tiene valor y esperan información suficiente antes de invertirlo en un proceso de selección.
¿Por qué algunas empresas reservan el sueldo hasta el final? Puede haber razones legítimas, como definir la oferta según la experiencia de cada candidato. Pero también conviene mirar lo que un rango público podría dejar al descubierto: diferencias difíciles de explicar entre puestos similares, salarios rezagados frente al mercado o la intención de negociar con cada aspirante desde la menor cifra posible. Publicar un rango obliga a revisar la política de compensaciones y a responder una pregunta incómoda: ¿podemos justificar lo que pagamos, tanto ante quien quiere entrar como ante quien ya trabaja aquí?
En un mercado laboral donde atraer talento exige construir confianza, ocultar el salario puede resultar más costoso de lo que parece. Se pierden candidatos antes de conocerlos y se alargan entrevistas que terminan cuando aparece una cifra incompatible con sus expectativas.
La transparencia salarial no resuelve por sí sola los problemas de remuneración, pero sí vuelve más honesta la negociación: Una empresa que puede explicar cuánto ofrece y con qué criterios envía una señal de orden y respeto; una que guarda silencio deja que los candidatos saquen sus propias conclusiones.
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