Inicio » La versión increíble e imposible de Pemex

La versión increíble e imposible de Pemex

por El Consejero
0 comments 1 views
La versión increíble e imposible de Pemex

Más de dos meses después de ocurrido el derrame de hidrocarburo, luego de versiones de que fue un buque de una compañía privada contratada en el sexenio de Peña -se llegó a señalar a la italiana ENI-; un barco fantasma que hizo una descarga en Coatzacoalcos; las chapopoteras naturales; los anuncios de buena voluntad de la petrolera estatal respecto a que, no era su responsabilidad el derrame, pero colaboraban para la limpieza y recolección del combustible derramado; la creación de un grupo institucional y un comité de científicos para analizar el caso…

Este jueves resultó que sí, que siempre sí había sido una fuga de un ducto de Pemex en el ducto Old AK C en las inmediaciones de la plataforma Abkatún en Cantarell, el cual conecta a la plataforma Akal-C y la Terminal Marítima de Dos Bocas, tal y como lo denunciaron grupos ambientalistas el 29 de marzo pasado. El derrame habría sido detectado el 6 de febrero y concluidas las reparaciones el 18 de febrero. 12 días y nadie supo lo que sucedía ahí.

Lo que lleva a la perplejidad es lo dicho por Víctor Rodríguez Padilla, director de Pemex, respecto a que subalternos lo habrían engañado y ocultado lo sucedido, desde la fuga y hasta la reparación, y que por ello fueron cesados y puestos a disposición tres funcionarios de mediano nivel: el subdirector de Seguridad, Salud en el Trabajo y Protección Ambiental; el coordinador de Control Marino, y el Líder de Derrames y Residuos.

La versión es increíble e imposible como lo es que un derrame y su reparación solo se conozca y reporte costa afuera, porque las mismas organizaciones ambientalistas a las que ahora les dan la razón, señalaron que la reparación estuvo a cargo del buque Árbol Grande, operado por Constructora Subacuática Diavaz, contratada por Pemex Exploración y Producción.

Estos trabajos no se pueden ocultar no solo física si no sobre todo, administrativamente. Hay una trazabilidad de la solicitud y permisos del trabajo, obviamente con descripción de lo que se va a realizar, lo cual pasa por toda una burocracia de la empresa que pudo informar. El simple cierre de un ducto no puede pasar inadvertido e incluso hay reportes periodísticos desde fines de marzo en el sentido de que algunos ductos submarinos estaban fuera de operación.

No solo eso. No se ve razón alguna para que unos funcionarios en cuyo trabajo uno de los principales riesgos son las fugas y derrames, y su responsabilidad repararlos, hayan optado por ocultarlo ¿Cómo para qué y por qué?

Sí parecen verse más razones a nivel superior para negar los hechos mientras se mitigan los daños, inventarse versiones y, cuando no hay de otra, reconocer que el origen fue Pemex, y salvarle la cabeza a su director y al encargado de Exploración y Producción con la historia simple e inverosímil de que no fueron informados, cuando por lo menos debieron ser cesados o, por dignidad, que renunciaran. Nunca veremos eso.

La institucionalización del cinismo

En el teatro de la vida pública mexicana, la narrativa de la “pureza moral” ha comenzado a agrietarse bajo el peso de una realidad innegable. Mientras el discurso oficial de la Cuarta Transformación se aferra a la bandera de la honestidad, los hechos recientes, desde contratos amañados con empresas “fantasma” hasta el descarado reparto de puestos entre clanes familiares, o el uso de nuestras embajadas y residencias oficiales como hoteles de los amigos, revelan una metástasis de las viejas prácticas que juraron erradicar. Lo que hoy presenciamos no es solo corrupción, es algo más profundo y corrosivo: el cinismo institucionalizado.

Resulta fascinante, y a la vez trágico, observar el contraste de valores que rige nuestra sociedad actual. Por un lado, el mundo corporativo global transita hacia una era de hiper-transparencia. En 2026, los criterios ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) y los protocolos de compliance ya no son opcionales para las empresas que desean sobrevivir en los mercados internacionales. El nepotismo en una junta directiva o el desvío de fondos hacia una subsidiaria opaca hoy se castigan con la caída de acciones y la muerte reputacional inmediata.

Sin embargo, en el ámbito gubernamental parece regir una física distinta. Aquí, la respuesta ante la evidencia no es la rendición de cuentas, sino el encogimiento de hombros. Cuando se cuestiona el patrimonio inexplicable de un senador o el ascenso meteórico de los hijos de la cúpula, la respuesta es una variante del “no somos iguales” o el “presenten sus denuncias”, sabiendo de antemano que el aparato de justicia es el guardián del castillo.

Los datos son fríos pero contundentes. Informes recientes señalan qué clanes familiares controlan nodos clave de la administración pública, con nóminas que superan los 100 millones de pesos anuales. Ya no se trata de casos aislados, sino de una red de protección mutua donde el mérito ha sido reemplazado por la lealtad sanguínea.

México ocupa hoy un lugar deshonroso en el Índice de Percepción de la Corrupción, situándose muy por debajo del promedio de las democracias funcionales. Mientras las empresas se ven obligadas a ser “santas” para ser rentables, el sector público parece convencido de que la narrativa política es suficiente para ocultar el lodo.

El riesgo es inmenso. Si la brecha entre la ética que se exige en el sector privado y la impunidad que se tolera en el público sigue creciendo, el contrato social terminará por romperse. No basta con no ser “iguales” a los de antes si, en la práctica, se han vuelto maestros en los mismos vicios, pero con un guion más ensayado. El cinismo es, al final, la última etapa de la decadencia.

Trump vs el Papa: una pelea que nunca debió de existir

Para Donald Trump el mundo suele parecer un ring. Un lugar para medir fuerza, marcar jerarquías y exhibir rivales.

Pero esta vez no.

Del otro lado no había un adversario político, sino algo más incómodo: un Papa. Y no cualquiera. Robert Francis Prevost, estadounidense nacido en Chicago, Illinois. Hoy León XIV.

Un choque frontal entre el poder político y la autoridad religiosa, sin matices diplomáticos, con la peculiaridad de que ambos líderes son compatriotas.

Trump respondió a las críticas del pontífice de la única manera que sabe hacerlo: no con argumentos, sino con descalificaciones. Lo llamó débil, cuestionó su entendimiento del mundo y, en el fondo, atrajo al Papa al terreno que mejor conoce: el de la provocación, haciéndolo ver como un adversario político más.

Ese fue el punto de quiebre.

Porque el papado no compite en elecciones. No moviliza ejércitos. Su terreno es otro: el de la legitimidad religiosa (la moral hace mucho tiempo que quedó en entredicho).

No es la primera vez que un presidente estadounidense se mide con el Vaticano. Joe Biden vivió tensiones por el aborto; el propio Trump ya había chocado con el Papa Francisco por el tema migratorio, pero nunca escalaron a una confrontación abierta como la actual.

En medio están millones de católicos estadounidenses que, por primera vez, no pueden separar con facilidad sus lealtades ¿A quién escuchar cuando el líder político y el líder religioso dicen cosas incompatibles? No es una pregunta teológica. Es política.

Y, como si hiciera falta una capa adicional de ironía, el conflicto también roza lo personal. Melania Trump es católica practicante. Su presencia no altera decisiones ni estrategias, pero introduce una tensión silenciosa, algo similar ocurre con el vicepresidente J. D. Vance.

León XIV tampoco retrocede. No porque busque confrontar, sino porque ceder implicaría algo más grave: aceptar que la guerra puede justificarse en nombre de valores que, desde su perspectiva, la contradicen. Su posición no es estratégica. Es doctrinal.

Hoy, lo que se encuentra en la mesa no es únicamente Irán, sino también quién tiene derecho a hablar en nombre de lo correcto en el mundo contemporáneo. Si la política puede apropiarse del lenguaje “moral” o si aún existe una autoridad capaz de cuestionarla desde fuera.

Un regreso a una época perdida, en la que la fe y el poder disputaban la voluntad del pueblo. Un regreso que hoy se libra en tiempo real.

Cumplir con el SAT; un mejor historial crediticio

Abril no solo marca el cierre de una obligación fiscal, sino el inicio y consolidación de una reputación financiera. En México, cumplir con la declaración anual ante el SAT suele verse como un trámite incómodo, cuando en realidad es una pieza estratégica en la construcción del historial crediticio. Como ha señalado Juan Manuel Ruiz, CEO de Círculo de Crédito, el cumplimiento en tiempo y forma no se limita a evitar multas; envía una señal clara de orden, disciplina y confiabilidad al sistema financiero. En la era de la información donde cada vez está más integrada, lo fiscal y lo crediticio ya no viven en mundos separados, y variables como el score crediticio comienzan a reflejar también este tipo de comportamiento.

Ignorar esta relación puede salir caro. Más allá de sanciones que en 2026 pueden superar los 25 mil pesos por obligación omitida, no atender la declaración o dejar saldos pendientes impacta la percepción de riesgo que tienen las instituciones financieras sobre una persona. Hoy, el historial crediticio no se construye únicamente con tarjetas o préstamos; también se alimenta de la coherencia entre ingresos declarados, cumplimiento fiscal y capacidad de pago. En este contexto, herramientas como el reporte de crédito especial permiten tener visibilidad sobre cómo estas decisiones influyen en la evaluación financiera, mientras que pagar a tiempo y evitar recargos fortalece la credibilidad frente a los otorgantes.

Lo relevante es que este proceso también abre oportunidades. La Opinión de Cumplimiento Fiscal (32-D) se ha convertido en un documento clave para acceder a financiamiento, cerrar contratos o participar en licitaciones, lo que confirma que la formalidad financiera es, cada vez más, un activo. De ahí que prácticas como revisar los CFDI, aprovechar deducciones correctamente o recurrir a esquemas de pago en parcialidades no sean simples recomendaciones administrativas, sino decisiones que impactan directamente en el score y en la estabilidad económica. Cumplir con el SAT, en este contexto, deja de ser una carga para convertirse en una palanca de crecimiento financiero.

Síguenos en Google Noticias para mantenerte informado

You may also like

Leave a Comment