En los años ochenta, Sandalio Sainz de la Maza entendió algo que hoy parece obvio: los
grandes eventos deportivos pueden poner a una ciudad en el mapa del mundo.
Hoteles llenos, restaurantes a reventar, millones de espectadores siguiendo la transmisión desde todo
el planeta. Cada otoño, el Gran Premio de México convierte a la capital en vitrina internacional. Lo
que pocos saben es que esa idea, la de usar el deporte como motor de proyección para la ciudad, ya
tenía defensores hace cuarenta años.
Uno de ellos fue Sandalio Sainz de la Maza, director general de Promoción Deportiva del
Departamento del Distrito Federal entre 1982 y 1988. «El Gran Premio no es solo una carrera de
carros», diría años después. Para él, un evento de esa magnitud servía para mostrar una imagen
positiva del país, promover el turismo y atraer inversión.
Un modelo de colaboración
La forma en que, según su testimonio, se negoció el regreso de la Fórmula 1 en 1986 anticipaba
esquemas que hoy son comunes. En entrevista con el periodista Edmundo Cázarez en febrero de 2021,
Sainz relató que el presidente Miguel de la Madrid lo envió al Gran Premio de Mónaco junto con los
empresarios Julián y José Abed.
La fórmula era clara: el gobierno capitalino aportaría la infraestructura del Autódromo Hermanos
Rodríguez y la iniciativa privada absorbería el riesgo financiero. Una alianza público-privada antes de
que el término se pusiera de moda.
La ciudad como escenario
La Fórmula 1 no fue su única apuesta. En 1983, bajo su gestión, nació el Maratón de la Ciudad de
México: unos 7 mil 500 corredores salieron del Autódromo rumbo al Monumento a la Revolución.
Dos eventos muy distintos con la misma lógica de fondo: convertir las calles y los recintos de la capital en espacios de encuentro y orgullo, capaces de atraer miradas de fuera.
Recuperar la Fórmula 1 no era sencillo. La categoría había salido de México en 1970 después de una
edición marcada por el desorden en las tribunas, y volver implicaba remodelar el circuito y demostrar
capacidad organizativa. El 12 de octubre de 1986 la ciudad pasó la prueba: Gerhard Berger ganó con Benetton-BMW, en una jornada que también vio a Ayrton Senna en la pole y a Alain Prost en el
podio.
Una idea que sigue vigente
México permaneció en el calendario hasta 1992 y regresó en 2015. Hoy, la carrera es uno de los
eventos con mayor derrama económica en la capital y un referente del campeonato por su ambiente en las tribunas.
Sainz, fallecido el 22 de marzo de 2021, no vio la edición de este año. Pero cada fin de semana de Gran Premio, cuando la ciudad se llena de visitantes y su nombre aparece en pantallas de todo el mundo, se confirma lo que él defendía hace cuatro décadas: el deporte también construye ciudades.
Gran Premio no es solo una carrera decarros: la visión que se adelantó cuatrodécadas
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