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El sector energético va a dos ritmos diferentes. Mientras Luz Elena González, secretaria de Energía, anunció que en 2027 se construirán 100 centrales eléctricas, se han avalado 38 proyectos mixtos y 17 privados por más de 600 mil millones de pesos, y se espera tener adjudicaciones antes de noviembre; en el mismo espacio, intentando no quedarse atrás, el director de Pemex, Juan Carlos Carpio Fragoso, invitó a los empresarios analizar los proyectos que tiene la petrolera y ver esquemas contractuales “donde haya un ganar-ganar”.
Lo anterior lo dieron a conocer los funcionarios ante empresarios reunidos en el foro “Inversión en infraestructura como detonador de crecimiento. Oportunidad del Plan México”, organizado por el Consejo Coordinador Empresarial.
Algo que ya no es novedad en esta administración, varios de los asistentes reconocieron la diferencia de apertura con la iniciativa privada de este gobierno respecto al anterior y tener certidumbre jurídica en el sector.
Y no es novedad, porque no es la primera vez que se anuncian proyectos de CFE y Pemex -más de la primera que de la segunda-, que contemplan inversión mixta y que generan beneplácito de la iniciativa privada. Sin embargo, se ha visto que hay de mixtos a mixtos.
Hace unas semanas, Reforma publicó un artículo titulado “Hay de mixtos a mixtos”, de Guillermo García Alcocer, ex comisionado presidente de la desaparecida Comisión Reguladora de Energía (CRE), quien precisamente plantea que, en la atracción del financiamiento en el sector energético, donde el Estado es el socio principal, las dos paraestatales han tenido resultados distintos, lo cual fue evidente en los mensajes de Luz Elena González y de Juan Carlos Carpio, uno de proyectos anunciados y realizados, y el otro una invitación a platicar para ver cómo sí hacerle.
A grandes rasgos, García Alcocer refiere que la CFE ha logrado concretar inversión privada en sus proyectos por su lógica de bancabilidad, que resultan atractivos a quienes los van a financiar, con criterios de rentabilidad, independientemente de que el Estado conservará el control operativo y recibirá la propiedad de los activos al término de los contratos.
Por el contrario, los proyectos de Pemex, a pesar de su potencial y que había capacidad para desarrollarlos por parte de empresarios, tienen un pero que todavía no ha sido superado: la incertidumbre financiera de Pemex. Es decir, lo básico de quién pagará y cómo lo hará.
La conclusión de García Alcocer es algo que ojalá haya leído el director de Pemex: mientras en CFE “entendió que la inversión no termina cuando un desarrollador gana un concurso, sino cuando un banco aprueba el financiamiento. El otro asumió que bastaba con ofrecer buenos activos para que el capital llegara por sí solo. Los recursos naturales despiertan interés. Los contratos bancables atraen el capital”.
Mientras no sea así, los empresarios seguirán elogiando la apertura del actual gobierno, pero huyendo de donde no se vea todavía claro. Esto no quiere decir que nadie quiera asociarse con Pemex el resto del sexenio, pues puede haber opciones nuevas que sean atractivas como en el fracking. Siempre y cuando, por supuesto, haya proyectos que sean bancables, de lo contrario, seguirán invitando a mesas a empresarios para ver “cómo sí se puede”, y seguir sin hacerlo.
Six Flags México, éxito que da miedo
El éxito comercial y operativo consolidado por Six Flags México en los últimos años representa uno de los casos de estudio más brillantes dentro de la industria global del entretenimiento. Lejos de depender de la estacionalidad tradicional de las vacaciones de verano, la estrategia comercial del parque ha dado un giro maestro al implementar una barra de cuatro festivales temáticos al año.
Esta diversificación transformó por completo el valor percibido del pase anual, convirtiéndolo en un producto de consumo masivo altamente codiciado, que garantiza flujos constantes de visitantes y lealtad a largo plazo.
Detrás de este fenómeno mercadológico se encuentra una visión directiva excepcional y una ejecución operativa impecable.
El liderazgo al frente del complejo en la Ciudad de México ha sabido leer con precisión las expectativas del mercado latinoamericano, demostrando que la clave de la rentabilidad no radica únicamente en la adrenalina de las montañas rusas, sino en la creación constante de experiencias inmersivas.
Gracias a la sincronización perfecta entre el diseño de atracciones, espectáculos de primer nivel y una logística impecable, el equipo operativo maneja con maestría la alta afluencia que generan eventos insignia como el aclamado Festival del Terror -que hoy inicia-, y Christmas in the Park.
Este compromiso con la excelencia ha catapultado a la sucursal mexicana a la cima del conglomerado. Hoy en día, Six Flags México se ostenta con orgullo como la propiedad más rentable de todo el corporativo, y una de las que genera más dinero, superando el rendimiento de un vasto portafolio compuesto por 34 parques en Norteamérica.
La sinergia entre una estrategia de marketing disruptiva y una gerencia operativa capaz de mantener altos estándares de calidad, seguridad y servicio en cada temporada confirma que el talento nacional guía con éxito el rumbo del entretenimiento internacional.
Venezuela: elecciones al final de la fila
Una de las razones que llevaron a Donald Trump a derrocar a Nicolás Maduro era su ilegitimidad. Ocho meses después, eso poco parece importar; su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, no solo fue aprobada como su sucesora, sino que ahora Washington negocia con ella, con plenos poderes, el futuro del petróleo de Venezuela.
Washington tendrá un papel dominante en la explotación de una de las mayores reservas de crudo del mundo, mientras las empresas norteamericanas vuelven a un país del que habían salido prácticamente por completo. Hablamos del desarrollo de 17 campos que concentran unos 65 mil millones de barriles de reservas. Trump lo llamó el mayor acuerdo petrolero de la historia.
Venezuela tiene más de 303 mil millones de barriles de reservas probadas, las mayores del mundo. Los campos incluidos en el acuerdo concentran alrededor de la quinta parte de esa riqueza. Chevron, por lo pronto, ya anunció una inversión de más de 7 mil millones de dólares para llevar su producción hasta unos 600 mil barriles diarios en los próximos cinco años. Venezuela necesita ese dinero, se trata de un país devastado por una mala administración, cuya producción actual está muy lejos de los niveles que alcanzó hace algunas décadas.
Washington hace su juego: recupera influencia sobre una de las mayores reservas petroleras del planeta, abre espacio a sus compañías y reduce el margen que durante años tuvo con China, Rusia e Irán en Venezuela. Caracas también tiene una oportunidad.
Delcy Rodríguez habla de más de 100 mil millones de dólares de inversión y calcula unos 209 mil millones en ingresos fiscales que podría obtener el Estado durante el acuerdo. Hasta ahí iría todo relativamente bien si no fueran solo proyecciones. La realidad es que Venezuela está abriendo una industria que durante años mantuvo bajo control estatal porque necesita capital, tecnología y producción.
Venezuela no necesariamente pierde la propiedad de sus reservas, sino la capacidad de decisión sobre una enorme parte de ellas. La nueva estructura dará mayoría a los intereses estadounidenses sobre los campos incluidos en el acuerdo.
Incluso hay una diferencia que es de llamar la atención: mientras algunas versiones hablan de derechos por cien años (algo inusual en estos tiempos), Delcy Rodríguez sostiene que el acuerdo tiene una vigencia de 25. Cuando dos gobiernos que acaban de firmar un pacto no presentan la misma duración, la opacidad empieza a ser un problema.
Pero el crudo no explica por sí solo la permanencia de Delcy, aclara, al menos en parte, la paciencia de Washington. Trump volvió a decir esta semana que Venezuela aún no está lista para celebrar elecciones pese a la insistencia de la presidenta interina.
No hay calendario. Y tampoco parece haber urgencia. La misma administración que consideró necesario sacar a Maduro del poder ahora considera que su “brazo derecho” pueda permanecer al frente del país mientras se reorganiza la industria petrolera.
Si Delcy es un interlocutor suficientemente confiable como para comprometer inversiones por miles de millones de dólares y definir el futuro de 65 mil millones de barriles, ¿por qué Venezuela no está preparada para que sus ciudadanos decidan quién la gobierne? Washington no quiere que un cambio de gobierno ponga en riesgo los acuerdos petroleros que está construyendo.
El petróleo ya tiene acuerdos, inversiones y fechas. Las elecciones, en cambio, no están ni siquiera en la agenda. Para Venezuela parecen haber quedado al final de la fila.
La segunda vida de los automóviles
Cuando se habla de movilidad sustentable, gran parte de la conversación se centra en reducir las emisiones y en fomentar el uso de vehículos eléctricos. Sin embargo, la transición hacia un modelo más sostenible también consiste en aprovechar mejor los automóviles ya existentes.
Extender su vida útil, mantenerlos en buenas condiciones y facilitar que puedan tener varios ciclos de uso son principios básicos de la economía circular que comienzan a cobrar relevancia en la industria automotriz.
En México existe un amplio margen para avanzar en esta dirección. De acuerdo con la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores (AMDA), el país cuenta con un parque vehicular estimado en alrededor de 34 millones de unidades, mientras que cada año se comercializan entre 5.5 y 6 millones de vehículos usados. Además, durante 2025 se financiaron 153,009 seminuevos, 3.4% más que el año anterior, reflejando la importancia que este segmento ha adquirido en las alternativas de movilidad.
La economía circular en el sector automotriz implica mantenimiento, reacondicionamiento, reutilización de componentes y, principalmente, la conservación de los vehículos en circulación mientras se mantengan en condiciones adecuadas de funcionamiento y seguridad.
En este contexto, la compraventa y el arrendamiento de seminuevos pueden contribuir a que un mismo activo genere valor durante más tiempo, al tiempo que ofrecen a los consumidores alternativas eficientes frente a la adquisición de una unidad nueva.
De acuerdo con Rodrigo de la Piedra, CEO de Wahu, la autotech que está digitalizando el sector de autos seminuevos certificados, un vehículo seminuevo puede entenderse como un activo que todavía conserva valor y capacidad para resolver necesidades de movilidad.
Bajo esta perspectiva, el futuro del sector no dependerá únicamente de producir vehículos con nuevas tecnologías, sino también de desarrollar modelos que permitan aprovechar de manera más eficiente los millones de automóviles que ya están en circulación.
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