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Finalmente, ante las irregularidades detectadas en el examen de admisión a licenciatura, el Comité Técnico de la Universidad Nacional Autónoma de México determinó realizar un examen de control presencial al que serán convocadas las personas que ya habían sido seleccionadas así como a quienes obtuvieron en el examen en línea un número de aciertos igual o superior al menor número de aciertos que permitió el ingreso entre 2021 y 2026, y asignar los resultados de ingreso a partir del resultado obtenido en este nuevo examen.
En los hechos, el primer examen fue un primer filtro que dejó fuera a quienes no alcanzaron el puntaje necesario; ahora, la segunda prueba es una nueva criba para discernir de los que alcanzaron los máximos puntajes atípicos y los que tuvieron el número de aciertos mínimos que permitieron el ingreso en los cinco años previos, quienes son los que, sin trampa alguna, deben ingresar a la UNAM, empezando porque seguramente no se presentarán muchos de los “genios” con puntajes casi perfectos. Alrededor de 58 mil serán los convocados, lo que da idea de que habrían sido miles los que se pasaron de listos.
La reputación de la UNAM estaba en juego. No podía aceptar el ingreso de un grupo de personas sin mérito alguno y de ética reprobable. Hacerlo hubiera significado un desprestigio para la universidad en su conjunto, la institución, académicos, alumnos y egresados. No es lo mismo ser una universidad gratuita a ser una universidad barata.
Lo que seguramente seguirá será mantener los exámenes presenciales como la opción más confiable para ingresar no solo a la UNAM, sino a otras instituciones de educación superior públicas y privadas con alta demanda y, por supuesto, con un prestigio que cuidar.
Esto también repercutirá en los exámenes de admisión de educación media superior de la UNAM y Politécnico, que este año se realizaron por primera vez de manera conjunta, en línea y ya sin el famoso Comipems. En este caso no hubo quejas de puntajes atípicos y trampas, lo que no quiere decir que no hubieran, lo que sucede es que el margen de ingreso es mayor, tanto por número de lugares como de opciones para los aspirantes, lo cual no sucede en licenciatura con cupos limitados por carrera y en algunas con alta demanda.
La lección para las instituciones de educación superior es clara: sin ir en contra de avances tecnológicos que se deben aplicar en la enseñanza y en muchos procesos administrativos y operativos de la UNAM, por encima de todo debe garantizar condiciones de equidad entre los aspirantes a ingresar a ella. De por sí el mérito se ve a veces desbalanceado por ventajas de recursos que permiten una mejor formación académica, no debe ser trampeado por quienes no tienen siquiera eso.
Si la Inteligencia Artificial ya vulnera sistemas de seguridad, con mayor razón con un examen en línea. Mientras no haya garantías de equidad en un examen de esas características, lo mejor será regresar al papel y al lápiz.
Wahu apuesta por el arrendamiento y la formalización para acelerar la transformación del mercado de seminuevos
El mercado automotriz mexicano atraviesa una etapa de transformación donde la tecnología, los nuevos esquemas de financiamiento y la necesidad de mayor certeza en las transacciones están redefiniendo la manera en que empresas y consumidores adquieren vehículos. Rodrigo de la Piedra, CEO de Wahu, la autotech que está digitalizando el sector de autos seminuevos, busca consolidarse como la plataforma enfocada no solo en la compraventa de autos seminuevos, sino en construir soluciones financieras más flexibles. La compañía tiene como objetivo acelerar el crecimiento del arrendamiento, un segmento con amplio potencial, especialmente entre corporativos de todos tamaños.
La estrategia de Wahu es clara: resolver los principales retos que enfrentan las empresas al gestionar su flotilla vehicular, los procesos administrativos asociados a la propiedad de unidades y la necesidad de acceder a mejores automóviles sin comprometer grandes inversiones iniciales. Con esta visión, impulsa esquemas como Zero Leasing, un modelo de arrendamiento dirigido a empleados que les permite acceder a un vehículo sin enganche y con mayor flexibilidad, una alternativa especialmente relevante para jóvenes profesionistas que aún no cuentan con suficiente historial financiero o capacidad de ahorro para adquirir un automóvil mediante los modelos tradicionales.
Los objetivos de crecimiento de Wahu a largo plazo son ambiciosos: fortalecer un portafolio de arrendamiento que alcance los mil millones de pesos, mantener un crecimiento sostenido de 20 mil millones de pesos en ventas de vehículos y prepararse para acceder, eventualmente, a mercados públicos de deuda y nuevas fuentes de inversión institucional.
La compañía también contempla una expansión hacia ciudades como Monterrey y Guadalajara, donde existe una creciente demanda de soluciones locales. Además, Rodrigo de la Piedra considera que el futuro del mercado de autos seminuevos certificados estará marcado por una mayor formalización, con consumidores y empresas que buscan transacciones más seguras y transparentes; una tendencia en la que Wahu está desempeñando un papel relevante al combinar tecnología, datos y servicios financieros para transformar la experiencia de movilidad en México.
La nueva generación de bancos
Esta semana Nu iniciará operaciones como banco en México. El hecho marca el inicio de una nueva etapa para el sistema bancario nacional, en la que las empresas tecnológicas ya no buscan competir desde la periferia del sector: quieren convertirse en bancos.
Durante años se pensó que las fintech serían una alternativa a la banca tradicional. Su propuesta consistía en ofrecer servicios financieros completamente digitales, con menos comisiones, procesos más ágiles y una experiencia centrada en el teléfono celular. Su crecimiento demostró que había un mercado dispuesto a abandonar las largas filas en las sucursales y realizar prácticamente todas sus operaciones desde una aplicación.
Sin embargo, la evolución del sector ha tomado un rumbo distinto al que muchos vaticinaban. En lugar de sustituir a los bancos, las fintech han descubierto que la mejor forma de crecer es convertirse en uno. La posibilidad de captar depósitos bajo un esquema bancario, ampliar su oferta de crédito, desarrollar nuevos productos financieros y acceder a una fuente de fondeo más sólida termina por hacer indispensable una licencia bancaria.
La autorización otorgada a Nu confirma este cambio de paradigma. En realidad, la historia apenas comienza. Detrás de esta institución ya existe una nueva generación de empresas que busca seguir el mismo camino. Mercado Pago, bunq, Konfío y Klar avanzan en distintas etapas del proceso para obtener una licencia bancaria, mientras que Plata y Revolut ya forman parte de ese nuevo ecosistema de bancos digitales. Cada una sigue una ruta distinta, pero todas comparten el mismo objetivo: competir en igualdad de condiciones dentro del sistema financiero mexicano.
Este fenómeno modifica el papel de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). Más allá de supervisar el sistema financiero, el organismo se ha convertido en el gran árbitro de una transformación que definirá la competencia bancaria durante la próxima década. Cada autorización implica revisar la solidez financiera de la institución, sus mecanismos de administración de riesgos, gobierno corporativo, prevención de lavado de dinero y capacidad operativa. No se trata de un trámite administrativo, sino de una decisión que impacta la estabilidad del sistema.
El cambio también representa un desafío para los bancos tradicionales. Durante décadas, su principal ventaja competitiva fue contar con una extensa red de sucursales, una marca consolidada y la capacidad de captar ahorro del público. Hoy esos atributos siguen siendo importantes, pero ya no bastan. Los nuevos competidores nacieron digitales, operan con estructuras más ligeras, automatizan buena parte de sus procesos y han construido una relación distinta con sus clientes, quienes esperan abrir una cuenta en minutos, solicitar un crédito desde su celular y recibir atención inmediata, sin importar la hora.
Eso no significa que la banca tradicional esté condenada a perder relevancia: las instituciones establecidas conservan fortalezas que las fintech todavía construyen: experiencia en la administración de riesgos, una oferta integral de productos, mayor capacidad de financiamiento y décadas de confianza entre millones de usuarios. La competencia, por tanto, no será entre bancos y fintech. Será entre bancos que nacieron digitales y bancos que han tenido que transformarse para seguir siendo relevantes.
Para los clientes puede traducirse en mejores condiciones. Más competencia suele generar menos costos, productos más innovadores, procesos más rápidos y una mayor presión para mejorar el servicio. También exigirá una regulación capaz de mantener un equilibrio entre la innovación y la estabilidad financiera, evitando que el entusiasmo por la tecnología relaje los estándares que la prudencia exige y que distinguen a la banca.
La autorización de Nu marca el comienzo de una nueva era. Durante décadas, obtener una licencia bancaria era el objetivo de unos cuantos grupos financieros. Hoy se ha convertido en la meta de algunas de las empresas tecnológicas más exitosas del sector. La revolución fintech no terminó con los bancos; terminó convenciendo a las propias fintech de que querían convertirse en uno.
El silencio también comunica
Las empresas en México hablan cada vez más de experiencia del colaborador, así como de temas de diversidad, bienestar y marca empleadora, sin embargo, hay un momento que sigue siendo el gran pendiente: la forma en que concluyen un proceso de reclutamiento con quienes no fueron seleccionados. El Termómetro Laboral de OCC, la bolsa de trabajo en línea líder en México, revela que ocho de cada diez candidatos esperan recibir retroalimentación cuando no obtienen una vacante, no necesariamente buscan una explicación exhaustiva, pero sí un cierre.
Por años se asumió que el reclutamiento terminaba cuando se elegía al candidato ideal; hoy esa lógica resulta insuficiente. La verdadera experiencia del candidato concluye cuando existe una comunicación clara sobre el resultado del proceso. Dejar una entrevista sin respuesta, desaparecer tras varias etapas o guardar silencio genera incertidumbre, frustración e incluso ansiedad para miles de personas que, además de invertir tiempo y expectativas, muchas veces atraviesan un periodo de vulnerabilidad económica y emocional. En un momento donde la conversación pública gira alrededor de la salud mental y el bienestar laboral, también vale la pena preguntarnos qué responsabilidad tienen las organizaciones en reducir esa incertidumbre.
Pero esta conversación no se limita a la empatía, también es una decisión estratégica. Las empresas ya no solo son evaluadas por sus clientes o inversionistas; también lo son por quienes aspiran a trabajar en ellas. Cada candidato rechazado puede convertirse en un futuro colaborador, en un consumidor, en un socio comercial o en alguien que recomendará —o no— a esa organización. En una economía donde la reputación viaja a la velocidad de una publicación en redes sociales, cuidar la experiencia de quienes no fueron contratados es una inversión en confianza, credibilidad y posicionamiento como empleador.
Quizá ha llegado el momento de entender que la retroalimentación dejó de ser un gesto de cortesía para convertirse en un elemento de competitividad. Las organizaciones que comunican con transparencia, respetan el tiempo de las personas y cierran adecuadamente sus procesos fortalecen su marca empleadora y contribuyen a construir un mercado laboral más humano. La manera en que una empresa dice “no” también define quién es.