De acuerdo con el Informe sobre delitos con criptomonedas de Chainalysis 2026, las estafas relacionadas con criptomonedas registraron en 2025 al menos 14 mil millones de dólares en transacciones ilícitas en cadena, cifra que representa un incremento significativo frente a los 9 mil 900 millones reportados inicialmente en 2024.
Con base en tendencias históricas, donde las estimaciones anuales crecen en promedio 24% entre periodos de reporte, se proyecta que el monto final de 2025 podría superar los 17 mil millones de dólares, conforme se identifiquen nuevas direcciones de billeteras vinculadas con actividades fraudulentas.
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Estafas de criptomonedas aumentan su impacto económico
Durante 2025, los estafadores continuaron adaptando sus estrategias, lo que se reflejó en un aumento del pago promedio por estafa, que pasó de 782 dólares en 2024 a 2 mil 764 dólares en 2025, es decir, un crecimiento interanual del 253%.
Asimismo, las entradas de dinero provenientes de estafas se dispararon, particularmente mediante tácticas de suplantación de identidad, que registraron un crecimiento interanual de 1,400%, consolidándose como una de las principales amenazas dentro del ecosistema cripto.
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Inteligencia artificial impulsa nuevas tácticas
Aunque los esquemas de inversión de alto rendimiento y las llamadas estafas de “matanza de cerdos” siguen dominando en volumen, se observa una convergencia creciente entre distintos tipos de fraude.
Los estafadores ahora utilizan inteligencia artificial (IA), servicios sofisticados de phishing por SMS y complejas redes de lavado de dinero para dirigir sus ataques de forma más eficaz, combinando múltiples tácticas dentro de una misma operación.
Las estafas de suplantación de identidad se posicionan como la tendencia más preocupante, con un crecimiento superior al 1,400% en comparación con 2024. Además, la gravedad promedio de los pagos realizados a estos grupos aumentó más de 600%, reflejando un mayor impacto económico en las víctimas.
Este tipo de fraude consiste en que los delincuentes se hacen pasar por organizaciones legítimas o figuras de autoridad para manipular emocionalmente a las personas y convencerlas de transferir fondos, lo que incrementa la efectividad del engaño.
Finalmente, el informe advierte que las categorías clásicas de estafas se vuelven cada vez menos precisas, ya que los delincuentes integran técnicas de ingeniería social, suplantación de identidad y fraudes técnicos en un mismo esquema, dificultando su detección. Esta convergencia de métodos representa un reto adicional para autoridades y plataformas digitales en la lucha contra el fraude financiero en entornos digitales.