Desde el Senado, RUMEC presentó el Plan de Ayala 2.0, una estrategia de tecnificación agrícola, soberanía financiera y exportación global que busca transformar estructuralmente el campo mexicano durante las próximas décadas.
Por: Daniel Orea Arontes
En el corazón del Senado de la República se presentó una propuesta que busca reconfigurar de manera estructural el futuro del campo mexicano.
En el marco del Summit Tech MEXA 2026, celebrado el 25 de febrero bajo el formato dinámico de FAST TALKS, Miguel Ángel Suárez Meza, director de RUMEC (Reunificación Mundial en Construcción), presentó ante líderes empresariales, tecnólogos y representantes institucionales una de las propuestas más ambiciosas para el desarrollo productivo nacional: el Plan de Ayala 2.0.

Suárez Meza, director de la plataforma mexicana que conecta a pequeños productores y cooperativas, particularmente del sector agrícola, con mercados globales, expuso el Plan de Ayala 2.0, una iniciativa que plantea una transformación profunda del modelo agrario nacional, combinando tecnología soberana, arquitectura financiera innovadora y una nueva lógica de distribución del valor productivo.
El planteamiento parte de un diagnóstico histórico claro: la Revolución Agraria restituyó la tierra, pero no logró consolidar una estructura económica que garantizara prosperidad duradera. En palabras del propio documento base, el campo recuperó el suelo, pero no el control total del valor generado por ese suelo.
Esa fractura estructural -entre propiedad y poder económico- es el punto de partida del nuevo modelo.
De la restitución a la soberanía productiva
El Plan de Ayala 2.0 no se presenta como una reforma incremental, sino como una segunda etapa histórica. Su objetivo es cerrar el ciclo inconcluso del agrarismo tradicional mediante un sistema integral denominado RUMEC–ICDA–Banco Zapata, que articula operación productiva, capital estructural y banca especializada bajo un mismo diseño institucional.
El modelo propone sustituir el agrarismo asistencialista por un enfoque de productivismo soberano, donde el productor no sea únicamente el primer eslabón de la cadena, sino participante directo en la transformación, certificación, financiamiento y comercialización internacional de sus productos.
El núcleo operativo inicia en Morelos -definido como “Kilómetro Cero”- no solo por razones geográficas, sino por su carga simbólica e histórica. Desde ahí se proyecta una expansión nacional con horizonte de 30 a 50 años.
Tecnificación integral: del surco a la cadena global
Uno de los pilares más ambiciosos del plan es la tecnificación estructural del campo mexicano. La propuesta contempla:
• Implementación de IoT agrícola para monitoreo de cultivos.
• Inteligencia Artificial predictiva para gestión climática y rendimiento.
• Infraestructura de cadena fría nacional.
• Centros de transformación con valor agregado.
• Integración logística soberana (puertos, aeropuertos y puertos secos).
• Tokenización de contratos productivos respaldados en activos reales.
La apuesta no es únicamente aumentar la producción, sino controlar la cadena completa de valor, reduciendo intermediarios y fortaleciendo la capacidad exportadora del país.
El documento subraya que la verdadera dignidad productiva no se logra solo con propiedad, sino con decisión sobre el ciclo económico completo. Bajo esta lógica, el productor participaría desde la semilla hasta la colocación internacional del producto, incluyendo esquemas de certificación halal y acceso a mercados estratégicos del Medio Oriente, Europa y Asia
Ingeniería financiera con enfoque ético
Un elemento distintivo del proyecto es la incorporación de principios de finanzas islámicas adaptados al desarrollo nacional. El modelo propone eliminar la lógica tradicional de deuda estructural para sustituirla por esquemas de riesgo compartido (Musharaka), donde capital y productor prosperan o enfrentan pérdidas de manera conjunta.
El Banco Zapata -propuesto como infraestructura financiera nacional- operaría como cámara de compensación productiva, con pagos directos al productor, custodia fiduciaria de activos reales y conversión internacional en MXN, USD y AED.
Además, se contempla la creación de la Moneda Zapata (ZPT), respaldada en activos productivos del mundo real (RWA), con emisión condicionada y auditoría permanente. La intención es que el dinero vuelva a estar vinculado a la producción real, evitando la especulación financiera desligada del trabajo agrícola.
El planteamiento parte de una crítica estructural: mientras el dinero opere como herramienta de extracción, la justicia agraria será frágil. Por ello, la reforma financiera se concibe como condición necesaria para el desarrollo de largo plazo.
Distribución del valor y blindaje institucional
El plan contempla contratos anuales de compra garantizada, mínimos productivos mensuales y fórmulas de precio internacional que incluyan primas estratégicas. También establece mecanismos de gobernanza multinivel, fideicomisos inalienables y cláusulas de irreversibilidad jurídica para evitar la captura política o corporativa del sistema.
La propuesta insiste en que la justicia no puede depender de voluntades individuales, sino de una arquitectura institucional robusta.
En ese sentido, el modelo incluye auditoría social permanente, separación de capas económicas y blindaje anti-especulación
México como potencia alimentaria y exportadora
Más allá del impacto rural, el Plan de Ayala 2.0 busca posicionar a México como potencia alimentaria global, exportador de activos productivos y referente en integración tecnológica soberana.
La tecnificación no se limita al campo: incluye ciudades productivas inteligentes, infraestructura energética propia, conectividad digital gratuita y retención de talento técnico-científico vinculado al agro.
El objetivo final es que el campo deje de ser un espacio de resistencia permanente y se convierta en centro del poder productivo nacional. Un cambio que, de materializarse, reconfiguraría no solo la economía rural, sino la arquitectura económica del país en su conjunto.
La presentación en el Senado marcó el inicio de un debate de alto nivel sobre soberanía financiera, innovación agrícola y justicia estructural. El proyecto no se limita a administrar el presente: propone rediseñar el futuro del campo mexicano con una visión de medio siglo.
El desafío ahora será traducir esta ambición sistémica en implementación concreta, consensos legislativos y viabilidad operativa. Si el modelo logra consolidarse en Morelos, su expansión nacional podría representar una de las transformaciones económicas más profundas del México contemporáneo.
Fotografías: Freddy Hernán
