Por Ana Paula Padilla Co-fundadora de Mujeres en Tech México
Cuando una empresa tiene que tomar una decisión, nadie espera que su CEO la tome sola. Para ello, tiene un consejo de administración: personas con experiencias y perspectivas distintas que cuestionan, orientan y ayudan a ver aquello que desde un solo lugar puede ser difícil identificar.
¿Por qué hacemos algo tan diferente con nuestra carrera? Con motivo del quinto aniversario de Mujeres en Tech México, tuve la oportunidad de conversar con otras mujeres que han sido parte de la historia de esta comunidad. Al recordar cómo empezamos y, sobre todo, las historias de quienes han pasado por ella, concluí algo que a veces damos por hecho: no construimos nuestras carreras solas.
Nos hemos creído el discurso de la meritocracia, a pensar en el crecimiento profesional como un esfuerzo meramente individual: si nos prepararnos más, trabajamos duro, desarrollamos nuevas habilidades constantemente (a riesgo de no quedar obsoletas), y demostrar resultados seguramente tendremos éxito (como sea que una defina este término)… Todo eso importa menos de lo que creíamos originalmente, ya que el privilegio inicial con el que crecemos dicta mucho de nuestro futuro éxito. Además del lugar de privilegio, también importa quién nos aconseja antes de tomar una decisión, quién comparte información que no teníamos y quién nos ayuda a ver posibilidades que solas quizá no habríamos considerado.
Esa fue parte de la tesis con la que nació Mujeres en Tech. Muchas estábamos viviendo retos similares dentro de la industria tecnológica, pero los enfrentamos por separado. Quisimos demostrar que hacer equipo entre nosotras no solo generaría mejores oportunidades individuales, sino que contribuiremos a que avanzara toda la industria.
Desde entonces hemos visto esa idea tomar formas muy concretas. Mujeres que conocieron a alguien que después las conectó con una oportunidad profesional. Otras que encontraron una mentora, aprendieron algo que transformó su carrera o construyeron una red de apoyo que antes no tenían.
Y quizá ahí está una de las lecciones más importantes: una red profesional no sirve solamente para encontrar trabajo o hacer contactos. También nos ayuda a tomar mejores decisiones.
Todas deberíamos construir nuestro propio consejo de administración: tres, cuatro o cinco personas a quienes podamos recurrir cuando estamos considerando cambiar de trabajo, pedir una promoción, negociar un salario o aceptar una oportunidad que nos asusta. Personas capaces de darnos perspectiva, cuestionarnos y, a veces, recordarnos que estamos más preparadas de lo que creemos, a recordarnos que el “síndrome de impostoras” es real, y que desproporcionadamente afecta a las mujeres
También necesitamos espacios donde podamos hablar de aquello que todavía cuesta poner sobre la mesa. El dinero, por ejemplo. La evidencia indica claramente que las mujeres son mejores negociadoras que los hombres (Mahdawi, 2022). Sin embargo, muchas de nosotras seguimos encontrando obstáculos al negociar salarios. Saber cuánto están ganando otras
personas en posiciones similares, cuánto negociaron ante una nueva oferta o qué condiciones pidieron para aceptar un puesto nos da información para entender nuestro propio valor en el mercado. Hablar de estos temas con una red de confianza puede cambiar las decisiones que tomamos.
Avanzar profesionalmente también implica tomar decisiones antes de tener todas las certezas. En aquella conversación surgió una analogía que me parece ilustrativa: ninguna tecnología sale al mercado completamente terminada. Se lanza, se aprende y se mejora. Quizá deberíamos permitirnos hacer lo mismo con nuestra carrera: no esperar hasta sentirnos 100% listas para levantar la mano, pedir el aumento o buscar el siguiente reto.
Pero una red funciona en ambas direcciones. No se trata únicamente de encontrar personas que nos ayuden a avanzar, sino de preguntarnos qué hacemos nosotras con lo que aprendemos cuando avanzamos.
Si queremos que el camino sea un poco menos difícil para la que viene detrás, hay varias maneras de ayudar a nuestra red:Se puede compartir información, hacer una introducción, recomendar a alguien para una oportunidad, hablar abiertamente de salario o simplemente contar cómo llegamos a un lugar que para otra mujer todavía parece lejano. Esa idea de abrir camino para las demás ha sido uno de los principios que ha sostenido a Mujeres en Tech desde el inicio.
Una comunidad profesional no debería medirse solamente por cuántas personas reúne, sino por lo que sucede entre ellas: las oportunidades que circulan, las conversaciones que antes no ocurrían, las decisiones que alguien se atreve a tomar porque tuvo con quién pensarlas.
La meritocracia es solo un mito… Las mejores carreras se construyen en compañía.