Angélica Frías González, Vicepresidenta Nacional de Sustentabilidad de COPARMEX
Hace algunos años, mientras trabajaba en una reconocida marca deportiva, entendí algo que hoy veo claramente en el mundo empresarial: la cancha puede seguir siendo la misma, pero la velocidad del juego cambia por completo.
En el fútbol, el balón viaja más rápido, las decisiones se toman en segundos y los equipos que logran adaptarse con mayor velocidad suelen marcar la diferencia. Ya no se trata únicamente de talento o resistencia; se trata de lectura del juego, capacidad de reacción y adaptación constante.
Lo mismo está ocurriendo con las empresas. Hoy vivimos en un entorno donde la tecnología evoluciona a gran velocidad, los hábitos de consumo cambian continuamente y los mercados se transforman de manera permanente.
De acuerdo con el World Economic Forum, cerca del 75% de las empresas ya exploran o incorporan herramientas de inteligencia artificial, mientras que para 2030 se estima que alrededor del 22% de los empleos actuales cambiarán de forma significativa. Esto no significa que las personas o las empresas pierdan relevancia; significa que las habilidades necesarias para competir están evolucionando.
Una gran oportunidad para las PyMEs
Durante muchos años, las grandes empresas tuvieron ventajas difíciles de alcanzar para las PyMEs: infraestructura, acceso a tecnología, capacidad operativa y recursos. Hoy, muchas de esas herramientas se han democratizado. Nunca antes una PyME había tenido acceso tan rápido a plataformas digitales, capacitación en línea, herramientas de automatización o tecnologías que le permitan competir de manera más eficiente.
El reto ya no es únicamente acceder a la tecnología. El verdadero desafío consiste en desarrollar la capacidad de aprender, adaptarse y evolucionar continuamente.
Desde mi experiencia trabajando con empresas, he visto que las organizaciones que avanzan más rápido no necesariamente son las más grandes, sino las que muestran mayor apertura para aprender, ajustar procesos y tomar decisiones con agilidad. La velocidad ya no solo está en la operación; está en la capacidad de adaptación.
Si México quiere fortalecer la competitividad de sus PyMEs, hay tres elementos que serán clave en los próximos años: capacitación continua, construcción de ecosistemas empresariales y adopción estratégica de tecnología.
La capacitación será fundamental porque el entorno cambia constantemente y las habilidades que hoy generan valor evolucionan cada vez más rápido. Los ecosistemas también serán determinantes: ninguna empresa crece sola. La colaboración entre cámaras empresariales, universidades, empresas, aliados y emprendedores puede acelerar el aprendizaje y abrir nuevas oportunidades.
Finalmente, la tecnología debe verse como una herramienta para aumentar la productividad, la eficiencia y la capacidad de competir, no únicamente como una tendencia. La transformación digital no ocurre por comprar plataformas, sino por aprender a utilizarlas estratégicamente.
Productividad y visión de futuro
Esto es especialmente relevante para México. Las PyMEs representan una parte fundamental de nuestra economía y del empleo nacional. Además, el país vive una coyuntura importante derivada de fenómenos como el nearshoring y la transformación digital global. Existen oportunidades reales de crecimiento, inversión y desarrollo, pero aprovecharlas requerirá empresas más preparadas, más capacitadas y más flexibles.
La OCDE ha señalado que uno de los grandes retos de México sigue siendo la productividad, y que la digitalización y la capacitación serán factores clave para fortalecer la competitividad en los próximos años.
Por eso, la conversación no debería centrarse únicamente en tecnología o inteligencia artificial. También debe incluir talento, formación, cultura empresarial y disposición al cambio.
Porque la tecnología, por sí sola, no transforma empresas. Las personas que aprenden a utilizarla estratégicamente sí.
La buena noticia es que las PyMEs mexicanas tienen algo muy valioso en este nuevo entorno: cercanía con sus clientes, capacidad de adaptación y velocidad para tomar decisiones. En un contexto donde el cambio ocurre cada vez más rápido, esas cualidades pueden convertirse en ventajas competitivas reales.
La cancha sigue siendo la misma, pero el juego ya cambió.
Y la competitividad de México dependerá, en gran medida, de qué tan rápido aprendan nuestras PyMEs a jugar esta nueva versión del partido y de la capacidad que tengamos, como país, para construir un ecosistema que impulse su crecimiento. #OpinionCoparmex