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Por 427 votos, incluidos de la oposición, Aureliano Hernández Palacios Cardel fue designado como auditor Superior de la Federación para los siguientes ocho años, en sustitución de David Colmenares Páramo.
Fue un proceso complicado, por el número de aspirantes inscritos -81-, y el ruido provocado por el intento de Colmenares de reelegirse, quien incluso avanzó entre los mejor calificados, pero descartado para integrar la terna final.
Y precisamente por los numerosos candidatos, Aureliano Hernández Palacios figuraba como uno de tantos, lejos de ser favorito, con fuertes versiones de que sería mujer o que sería el ex contralor capitalino, Juan José Serrano -extrañamente muy promocionado-, e incluso, Colmenares lograría repetir.
El que María de la Luz Mijangos, fiscal anticorrupción, una de las mencionadas con el supuesto aval presidencial, ni siquiera se inscribiera, generó más incertidumbre, la cual solo terminó al definirse la terna. Para entonces, ya la votación era trámite.
Dicen que uno nunca sabe para quién trabaja. David Colmenares había hecho muchos amarres políticos en ocho años y, como uno de tantos, tal vez como un guiño a la entonces jefa de Gobierno, designó en 2018 a Aureliano Hernández Palacios como auditor especial de gasto federalizado, es decir, a cargo de auditar los recursos a las entidades.
El papá de Aureliano, Fernando Aureliano Hernández Palacios Mirón, fue secretario particular de Claudia Sheinbaum cuando fue jefa de Gobierno, y fue su director jurídico en la entonces delegación Tlalpan, quedando como delegado interino cuando Sheinbaum se fue a la campaña por la Jefatura de Gobierno. Cabe señalar que el abuelo del nuevo auditor, Aureliano Hernández Palacios, fue un connotado abogado y escritor veracruzano, con una larga carrera en el poder judicial local, además de rector de la Universidad Veracruzana.
Ya con una cabeza de playa en un puesto estratégico en la ASF, lo que siguió en estos días fue la operación de Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador de diputados, primero, para desactivar el intento de reelección de David Colmenares y, segundo, amarrar por debajo los votos para Hernández Palacios Cardel. Parte de lo primero fue que Ricardo Monreal -quien sabe elegir sus batallas-, se deslindara de apoyar a Colmenares y, de paso, descartara el registro de sus allegados.
La operación fue un éxito, Palacio Nacional tiene a un afín en la Auditoría Superior de la Federación y, sobre todo, con respaldo de los partidos de oposición, probablemente garantizando parcialmente la continuidad de lo que prometía Colmenares… pero sin él.
Chile y el péndulo del poder
Una vez más, el péndulo político chileno volvió a moverse. José Antonio Kast asumió la presidencia del país en el Congreso Nacional de Valparaíso. No hubo titubeos: “las cosas van a cambiar”, dijo el flamante mandatario, quien ofreció a los votantes, a lo largo de su campaña electoral, mayor seguridad, control migratorio y recuperación económica tras años de turbulencia política. Nada nuevo, los mismos espejos en los que a la gente le gusta verse reflejada.
El cambio de gobierno marca un giro importante en uno de los países más estables de América Latina (institucionalmente hablando). No es la primera vez que Chile oscila entre proyectos políticos diametralmente opuestos. Desde el retorno de la democracia en 1990, el país ha transitado entre coaliciones de centro-izquierda y centro-derecha sin rupturas institucionales. Esta alternancia es, en sí misma, un signo de madurez democrática. La capacidad de un sistema político en el que el electorado puede corregir el rumbo sin crisis es uno de los rasgos que han caracterizado a Chile.
Pero la alternancia también puede leerse de otra manera cuando los cambios son bruscos y frecuentes. En los últimos años, el país pasó de la promesa de transformación profunda, que emergió tras el estallido social de 2019, a una demanda social centrada en el orden, la seguridad y la estabilidad económica, banderas que Kast supo capitalizar.
Entre los grandes fracasos de Gabriel Boric se cuenta su ambicioso proyecto de cambiar la Constitución heredada del pinochetismo; dos proyectos suyos fueron rechazados en plebiscitos por falta de consenso ciudadano, lo que debilitó el impulso transformador que lo llevó al poder.
El balance de su administración, sin embargo, es más complejo. Boric gobernó en uno de los contextos más difíciles desde la transición democrática: alta polarización, inflación global tras la pandemia y un sistema político fragmentado. Aun en esas condiciones, fue capaz de preservar la estabilidad institucional y avanzar en algunas reformas sociales graduales.
En política exterior, además, marcó una diferencia importante dentro de la izquierda latinoamericana. Aunque venía de una generación progresista, Boric mantuvo una postura crítica frente a gobiernos autoritarios como los de Venezuela, Nicaragua y Cuba. Esa distancia contribuyó a perfilar una izquierda democrática más cercana a la tradición socialdemócrata que al eje bolivariano.
Kast recibe un país que sigue siendo institucionalmente sólido, pero con tensiones acumuladas y una economía de fundamentos relativamente estables, aunque con bajo crecimiento y fuerte presión fiscal.
La gran pregunta que hoy se plantean los analistas, no solo para Chile sino para toda América Latina, es por qué los electores parecen oscilar cada vez con mayor rapidez entre sistemas políticos opuestos. Una posible lectura es la frustración. Las sociedades de la región enfrentan demandas profundas –desigualdad, inseguridad, bajo crecimiento– que ningún gobierno logra resolver con la velocidad esperada. Cuando las expectativas se frustran, los votantes buscan respuestas en el extremo opuesto del espectro político.
Otra respuesta más estructural es que los sistemas políticos latinoamericanos atraviesan una crisis de representación. Los partidos tradicionales se han debilitado y los liderazgos tienden a personalizarse, lo que hace volátiles las preferencias electorales.
El desafío para Kast no será solo responder a las demandas de seguridad y crecimiento que impulsaron su victoria. También tendrá que demostrar que un giro político no significa empezar de cero cada cuatro años. Si logra hacer a un lado sus dogmas y aprovecha los avances sociales de su predecesor, que no son pocos, tal vez pueda conseguir lo que antes nadie alcanzó: alinear a la sociedad chilena alrededor de un propósito común y evitar que el péndulo termine convertido en la espada de Dámocles.
El dinámico mercado inmobiliario en el Bajío
El Bajío se mantiene como uno de los mercados de vivienda más dinámicos del país. Con más de 47,600 viviendas colocadas en 2025, el segmento medio lidera la actividad tanto en vivienda nueva como usada, según un informe de Tinsa México by Accumin.
Ciudades como León y Querétaro concentran buena parte del movimiento del mercado, aunque cada una muestra comportamientos distintos: mientras León, con mayor número de habitantes, destaca en vivienda usada, Querétaro, con una tasa poblacional en crecimiento de 8.1%, impulsa el crecimiento en vivienda nueva.
Con 294 proyectos nuevos, un stock de 27,589 unidades y más de 2,504 unidades nuevas vendidas cada trimestre, Querétaro es el líder de la región en desarrollos nuevos, además de ofrecer una plusvalía general de 12% en su zona metropolitana.
El poder estratégico de las ventas
En el mercado laboral mexicano hay áreas que funcionan como verdaderos termómetros de la actividad económica. Una de ellas, sin duda, es ventas. Cuando las empresas buscan crecer, recuperar terreno o expandirse a nuevos mercados, el primer movimiento suele ser fortalecer sus equipos comerciales.
Datos recientes de Computrabajo, el sitio de empleo líder en Latinoamérica, confirman que puestos como asesor de ventas, ejecutivo de ventas, asesor financiero, vendedor y ejecutivo telefónico se mantienen entre los perfiles más solicitados por las empresas en distintos sectores productivos. No es casualidad: son posiciones que conectan directamente la estrategia de negocio con los resultados.
En la práctica, los profesionales de ventas son quienes convierten los planes corporativos en ingresos reales y también son ellos el primer punto de contacto entre las organizaciones y sus clientes, lo que les permite captar información valiosa sobre tendencias de consumo, cambios en las preferencias de los compradores y oportunidades para innovar en productos o servicios.
Hoy las empresas no solo buscan personas capaces de cerrar una venta. Cada vez valoran más habilidades como la comunicación efectiva, la empatía con el cliente, la orientación a resultados y la capacidad de construir relaciones de largo plazo, en otras palabras, el vendedor del presente debe entender tanto de personas como de productos.
A esto se suman otras competencias que reflejan cómo ha evolucionado el trabajo comercial, ya que muchas posiciones requieren movilidad, adaptación constante e incluso conocimiento de procesos administrativos vinculados al empleo formal, como la gestión de trámites o normativas laborales. Todo esto convierte al área de ventas en un espacio donde convergen habilidades comerciales, operativas y relacionales.
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