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Innovación y tecnología latina: cambiando las reglas del juego, entrevista con Gonzalo Araújo

por Mundo Ejecutivo
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Gonzalo Araújo C., fundador y CEO de SLM

Por: Ana Luisa Ochoa

Con 26 años de trayectoria y 16 mil clientes, SLM lidera la innovación tecnológica latina, conectando operaciones remotas desde sus inicios en Cartagena, Colombia, y posicionándose a México como hub estratégico.

En entrevista con Mundo Ejecutivo, Gonzalo Araújo C., fundador y CEO de SLM, relata cómo su curiosidad infantil por redes y conexiones se convirtió en su pasión.

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Porque antes de blockchain, antes de IA, antes de virtualización, hubo un momento fundamental: su padre mostrando un software que “despegaba un cohete” en una terminal y, metros después, una animación de alguien cayendo en paracaídas. Un truco de red, de conexiones invisibles, de magia hecha por texto. Y el niño, Gonzalo, que sólo tenía una pregunta: ¿cómo llegó hasta allá?

Esa pregunta inocente se convirtió en el ADN de la compañía. Gonzalo Araújo C., no lo cuenta como efeméride; sino como continuidad.

Lo que empezó como curiosidad temprana por las computadoras, “yo tenía 6, 7 años y ya estaba tocando computadoras”, se volvió adolescencia de código y, después, carrera.

Cartagena, Colombia, su ciudad natal, jugó un papel decisivo, pues ahí, por condiciones estratégicas y de infraestructura, el Internet apareció temprano, y mientras otros apenas escuchaban la palabra, él ya conversaba en IRC (Internet Relay Chat), se conectaba con gente de otros países y construía bots.

Su voz cambia cuando lo recuerda: no es nostalgia, es certeza. SLM no llegó tarde a la fiesta tecnológica; llegó cuando todavía no había música.

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“Conectar” una misión de vida

Hay un hilo que atraviesa toda su historia: la idea de que cualquier persona pueda conectarse desde cualquier sitio, incluso cuando la infraestructura lo impedía. En esa época, hablar de trabajo remoto era ciencia ficción. Había módems telefónicos, líneas lentas, redes incapaces de sostener operación.

De esa limitación nació Galeón VDI (Virtual Desktop Infraestructure): un software de escritorios virtuales que permitía a las empresas operar a distancia cuando hacerlo era casi una extravagancia técnica. Uno de los primeros casos fue Caracol Radio, un sistema de pauta central que necesitaba sincronización nacional.

Si una sucursal no sabía si un espacio ya estaba reservado, perdía ventas y orden operativo. La virtualización resolvió el cuello de botella.

Y luego llegó el efecto dominó: banca, gobierno, instituciones, áreas sensibles, ministerios. La misma necesidad, conectar operación, asegurar acceso, sostener control, replicándose en distintos sectores.

En un mundo obsesionado con lanzar “lo nuevo” cada seis meses, sostener un producto estrella 26 años no es casualidad, es una forma de liderazgo industrial. Es insistir en el estándar, en el mantenimiento, en la mejora continua. En el negocio, esa constancia es una ventaja competitiva: lo que funciona, se escala; lo que es confiable, se vuelve hábito.

El sueño de la trazabilidad

Si la primera pasión del Fundador de SLM es conectar, su segunda es hacer visibles las transacciones. Araújo habla de blockchain con tono de convicción, no de tendencia. Lo que le interesa no es el hype: es el principio. Trazabilidad, transparencia, “no repudio” (que nadie pueda negar una transacción).

Coloca ejemplos que suenan a futuro, pero que son extremadamente presentes: notarios, abogados, contratos, inversión en proyectos, transacciones financieras. Y en medio, su proyecto AvocadoCoin (AVDO), enfocado en empoderamiento del sector agrícola y productividad alimentaria. No lo plantea como capricho; lo plantea como urgencia: producir más alimentos con eficiencia y tecnología.
Ia: el nuevo commodity

Cuando pasa a inteligencia artificial, Araújo no cae en la fantasía. Dice algo incómodo, pero realista: la IA será tan común como una tostadora; si un producto no trae IA, perderá atractivo. La llama commodity. No por desprecio, sino por inevitabilidad.

En SLM, afirma, desarrollaron Aliee antes del “boom” de OpenAI. La describe como una entidad autónoma cognitiva, más que un chatbot, una inteligencia que “razona”, “aprende”, “se conecta” y “hace cosas”. Es decir, no sólo responde, ejecuta.

Pero su tesis más fuerte no es técnica; es cultural. Para él, entramos en la era de los superhumanos: personas potenciadas por IA. Y en ese punto lanza una frase que podría ser mantra empresarial: “No es que la inteligencia artificial te va a quitar el trabajo. Alguien que usa la inteligencia artificial te va a quitar el trabajo”.

Es una advertencia sin dramatismo, pero con filo. Habla de competitividad individual, de productividad y, en el fondo, de supervivencia corporativa: no adoptar IA será equivalente a competir sin electricidad.

El poder que viene

La conversación se pone más seria cuando aparece el tema de la gobernabilidad de la IA, especialmente tras debates globales como El World Economic Forum de Davos, donde los grandes gigantes tecnológicos discutieron sobre regulación y riesgos.

Araújo coincide en algo esencial, es positivo que el mundo ya esté discutiendo esto “en el foro correcto”. No porque la amenaza sea inmediata, sino porque en diez años puede ser estructural.

Su ejemplo es contundente, una empresa, hoy, tiene poderes legales. Puede abrir cuentas, demandar, competir en licitaciones. No es persona, es entidad. Entonces, ¿qué pasa cuando una entidad sea representada por IA?

Para Araújo, es inminente. Y menciona casos donde a la IA ya se le han asignado responsabilidades en ámbitos públicos, como transparencia.

Aquí aparece su visión: el riesgo no está sólo en la inteligencia, sino en el poder asignado. La IA no es peligrosa por sí misma; se vuelve peligrosa cuando se le entregan llaves.

Y aun así, vuelve a su punto principal, hoy es herramienta. Hay que usarla. Porque el mer¬cado no espera a que resolvamos los dilemas filosóficos para reconfigurar su eficiencia.

Al: talento de sobra, inversión escasa

Cuando Araújo habla de América Latina, su principal objetivo de mercado, habla con orgullo. Describe una oficina diversa, con venezolanos, argentinos, colombianos, mexicanos, panameños, ecuatorianos, centroamericanos. Un equipo que se siente como metáfora de lo que podría ser el continente: cooperación para crear tecnología, no sólo consumirla.

Pero si hay un freno, lo identifica sin rodeos: el ecosistema de inversión. En Estados Unidos, dice, un pitch con sentido puede levantar millones. En América Latina, primero hay que probarlo todo. Abrir empresa, lidiar con burocracia, impuestos, contratar, sobrevivir. El costo de entrada es más alto. Por eso hay menos “unicornios” y a menor velocidad.

“América Latina no sólo debe consumir tecnología; debe fabricarla. El problema no es tener ideas: es convertirlas en infraestructura”.

Su apuesta, dice, es poner un granito de arena para cambiar cómo se financian proyectos de impacto. Y afirma haber apoyado talento de estados como Michoacán, Oaxaca y Puebla. La idea es simple: si el talento existe, el sistema debe dejarlo escalar.

Liderazgo: visión, riesgos y empoderamiento

En su definición de liderazgo no hay romanticismo vacío, hay responsabilidad. Dice que una mala decisión puede afectar “muchas casas”, muchos hogares. Y reconoce que los líderes viven en toma de decisiones constante, asumiendo riesgos con consecuencias.

Para él hay dos pilares: visión y defensa de la visión; y empoderar a los demás. Contratar gente mejor que tú y dejarlos trabajar. Acompañar, alinear, sostener dirección.

Y luego viene la confesión humana: pensar en renunciar “casi todos los meses”. No por falta de pasión, sino por presión. Pero su conclusión es reveladora, seguiría haciendo lo mismo incluso como hobby, porque le divierte. Es un juego serio.

México: el mejor lugar para estar

La entrevista cierra con México como punto de aterrizaje estratégico. Araújo lo llama “el mejor país donde estar en América Latina” por su tamaño, diversidad industrial, mercado y, sobre todo, por reglas más claras en ciertos sectores. Pone como ejemplo la Ley FinTech como señal de avance regulatorio frente a países donde la incertidumbre frena innovación.

Su lectura es pragmática, se puede criticar fácil, pero lo que vale es ejecutar. Y México, con todo, permite ejecutar.

La historia de Gonzalo Araújo C. no es la del genio que tuvo suerte. Es la del niño que vio un cohete moverse entre máquinas y decidió entenderlo. Dos décadas y media después, ese impulso sigue intacto: conectar, transparentar, empoderar.

SLM se presenta así como una empresa nacida de una curiosidad romántica, pero entrenada con disciplina de negocio. Y su mensaje final es, en realidad, una invitación a toda la región: dejar de ser vitrina de consumo para convertirse en taller de creación.

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